Última parte. El nuevo y feliz trabajo


Mi entusiasmo crecía y crecía… el miedo desapareció en cuanto apareció la belleza de Los Saucos. Importante señalar que entre mis inversiones tenía la de un departamento del que pagué un enganche en “preventa”, durante un año, y como no podía ya comprarlo… pedí la devolución del enganche, lo que sirvió para pagar el terreno maravilloso de Los Saucos y empezar la construcción de mi cabaña.

Con Tino habíamos planeado que yo me iría a vivir a Valle en el lapso de 2 o 3 años… Tiempo para reponer mi economía y para jubilarme teniendo una buena pensión…, además de que me construyera una pequeña cabaña en el fondo de su propiedad, porque en los once años que llevamos de relación, siempre hemos tenido cada quien su espacio y nos ha funcionado muy, muy bien. Nos queremos, nos tenemos y nos extrañamos. Cada quien su casa, su tiempo y su espacio… con compromiso, desde luego. El compromiso de querernos y respetarnos.

Aún así veía lejano el momento de irme a vivir a Valle y seguía pensando que difícilmente dejaría la gran ciudad para irme al campo…


Tino empezó un negocio de plantas, formó un gran invernadero donde produce plantas de ornato y frutales para luego venderlas en un jardín vivero… Ha logrado tener en su propiedad ambos y fructíferos negocios…Me había invitado ya a trabajar con él y decidí de pronto que esto tenía que ser ya! A ratos me invadía el miedo: ese viejo gruñón, metiche que me acompaña desde la infancia… pero la vista del paisaje me devolvía al entusiasmo y a la conciencia de que la decisión no era precipitada sino más bien certera. Así que en noviembre del 2016 compré el terreno de los Saucos (un pueblo cercano a Valle de Bravo y tremendamente hermoso y virgen) y renuncié a mi trabajo como directora comercial de una revista (trabajo que me aburría cada vez más e infinitamente) y por lo tanto a un ingreso fijo, seguro y mensual: ¡qué valiente! realmente me sentí empoderada al tomar esas decisiones. También pensé en rentar mi departamento y empezar a construir la cabaña donde viviría.

Todo se ha dado paulatinamente y con mucha ayuda del Universo… En abril del 2017 abrimos al público el Jardín Vivero La Esperanza, el cual Tino hizo realmente bello, lleno de flores de colores y plantas hechas en el invernadero propio, muy cuidadas durante meses, cultivadas con cariño y esmero… Y mandó construir una cabaña hermosísima, a la entrada, y muy iluminada que funge como mi oficina: ¡un lujo!

Tino me invitó, o más bien, me regaló, participación como socia del negocio y desde que me quedé sin dinero por la operación ha sido el más generoso y cooperador conmigo (otra vez, qué raro… sí hay hombres así y me toco uno: ¡Bendito sea Dios!).

Anuncié la renta de mi depa y por fortuna se concretó en la misma fecha en la que me propuse cambiarme a Valle… mayo del 2017. Así que durante abril me dediqué a empacar las pertenencias acumuladas durante 40 años y no fue fácil… muchos recuerdos, mucho movimiento y mucha desazón: “¿Estoy tomando una buena decisión?” “¿Me estoy precipitando?” “¿Estoy renunciando a mis sueños para subirme a los sueños de Tino?” Muchos cuestionamientos y mucha incertidumbre… yo! que siempre he ido por lo seguro, paso a paso… y además, ¡mi casa que de cabaña solo tiene el nombre porque decidí hacerla en grande para recibir a mis familia y amigos, aún no estaba lista! Lo que significa que me quedo en casa de Tino durante uno o dos meses… conviviendo de tiempo completo… una prueba para la relación. Ha sido un gran salto y un gran cambio y me siento orgullosa de estar realizándolo.


Ahora, agosto del 2017, mi casa aún no está lista y le falta mucho para estarlo, porque el clima no ayuda ni tampoco el carecer de recursos para contratar más trabajadores. Continúo en casa de Tino que es el más amable y comprensivo, porque además de mí está doña Milagros mi hermosa y querida gata, compañera desde hace 20 años y dos perritas que decidí adoptar, aún sin tener casa… y que han sido un inconveniente porque Tino: “Yo no quiero perros en mi casa” y ha tenido que tolerar y aguantar uno que otro destrozo natural de cachorros…Todo un tema esto de la convivencia y reconozco que yo también extraño mi depa, mi espacio, mi soledad y mi silencio… aunque me encanta estar con él y pienso que –tal vez- cuando tenga que irme a casa lo voy a extrañar muchísimo y ya no voy a querer irme… porque también es rico compartir cada mañana y cada noche con él. Agarrarlo a besos y vivir todo ese inmenso amor por él y de él.

El Vivero va agarrando fuerza, la gente que viene se “enamora” y regresa a comprar, también hemos tenido ya compradores fuertes: remodelación y mantenimiento de jardines, obras completas de jardinería para desarrollos residenciales.

Quiero volver próspero este negocio y sí, es parte de mi sueño, del gran sueño: Estoy pensionada y trabajo SIN NECESIDAD ECONÓMICA, en algo que me provoca un gran placer. Este negocio que está lleno de belleza, bondad y vida. Me siento parte de cultivar y promover que el planeta sea un lugar más agradable para vivir. Esto no tiene nombre… no tiene parangón… y no me imaginé que sería así… y me ¡encanta! También estaré proponiendo, más adelante, el acompañamiento en psicoterapia… una vez que me asiente en mi nueva vida y cumpla con mi actual reto: hacer próspero un negocio que también es mío! Y, ahora, estoy bien con los vallesanos, los que viven aquí y los de fin de semana que también pertenecen y me relaciono bien. Porque yo me pertenezco a mi misma… porque ahora yo he encontrado mi propio lugar.

Continúo sorprendiéndome de la decisión de este cambio de vida, que es tan natural, orgánico, como se dice ahora… Tan lleno de belleza y por tanto de ¡verdad! Ahora en esta etapa no tengo que cumplimentar ni aparentar nada a nadie. Soy yo misma y me gusto. Y puedo escoger con quién negociar. Digo no al abuso, no me someto al deseo prepotente del cliente, sólo por cumplir con un “presupuesto de ventas”. Si no hay una simetría en el negocio, lo deshago… felizmente…

Vivo bien en mi pellejo y estoy plena de dicha.FIN


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