Julia, Si Donald Trump fuera mi hijo...

Llegando después de un día largo de trabajo, me puse a ver las noticias, mis niños ya se habían dormido.


Estaba impactada viendo la televisión. Por más de una hora se dedicó el noticiario a cubrir la agenda de Donald Trump sobre su “extraño y peligrosa gira de trabajo.” Así inició el analista el reportaje. Observé en silencio cada movimiento de Trump, las expresiones de su cara, la forma de levantar el dedo, la mirada, la sonrisa, las expresiones de su cara, cada actitud con los distintos personajes y me llamó mucho la atención su forma de actuar en los distintos momentos. Me quedé pensando. ¿Cómo habrá sido su mamá…?


Si Trump fuera mi hijo ya lo hubiera regañado por empujar a otro señor. Ya lo hubiera sermoneado por no ser respetuoso con su mujer. Ya lo hubiera reprendido por estar meciéndose en la silla, ya le hubiera dado una gritoniza por no saberse comportar. Lo peor de todo me sentiría muy avergonzada por tener un hijo prepotente, desinteresado de los demás, grosero, insolente, berrinchudo. Me arrepentiría de haberlo consentido tanto en su niñez, de haberlo dejado siempre hacer lo que él que quería. De haberle comprado todo lo que él pedía.

De no haberle puesto límites desde pequeño.


Le hubiera dado un par de nalgadas cuando le faltara al respeto a las niñas, castigarlo por ser grosero con sus mayores e irrespetuoso en las reuniones familiares. Me dolería que no haya aprendido a ser considerado y empático con los demás, que no haya aprendido a respetar, a cuidar a las mujeres, que pese a su éxito fuera tan egoísta y tan vil con los que le rodea, a que nunca debes ir por la vida minimizando a los otros porque no coinciden contigo, a rechazar porque son diferentes a ti en creencias, formas de vivir y de ser.

Sería la más gran decepción de mis hijos y mi fracaso como madre…

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