top of page

¡Dejé de chingar a mi madre y empecé a chingar a mi padre!

Hombres y mujeres unidos podemos generar una sociedad más equitativa.


Hace relativamente poco tiempo, los hombres han iniciado procesos de reflexión y análisis sobre lo que representa ser hombre en este momento histórico, principalmente en el ámbito académico, pero también en el de la sociedad civil.


¿Por qué habría que cuestionar la expresión y vivencia de la masculinidad cuando vivimos en un entorno predominantemente patriarcal que privilegia y beneficia a los hombres? Entre otras cosas, porque los avances realizados gracias al surgimiento del movimiento feminista en la reivindicación de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ha modificado el entorno social y con él la expresión y posición de lo masculino en la sociedad.


Estos cuestionamientos, reflexiones y análisis han tenido impacto positivo -aunque limitado- en la sociedad, pues cada vez son más los hombres que deciden trabajar en sí mismos, en su crecimiento personal y en revisar la manera en que se relacionan consigo mismos, con las mujeres, con la sociedad y con la naturaleza. Los avances son incipientes, pero considero que representan una señal muy positiva para la sociedad y para los hombres mismos.


Una vez que el hombre se cuestiona su lugar en el mundo, que analiza el impacto de su comportamiento en la sociedad y la naturaleza, naturalmente identifica la necesidad de crear un entorno de mayor equidad no sólo para hombres y mujeres, sino para otras minorías como la comunidad LGBTII y fundamentalmente para el medio ambiente.


Mientras esta tendencia toma fuerza y masa crítica, surge en muchas mujeres la pregunta de cómo relacionarse con un hombre que vive su masculinidad a partir de los principios de la masculinidad tradicional. Lo primero que -me parece- hay que tomar en cuenta es que la inmensa mayoría de los hombres vivimos una masculinidad sin cuestionamiento, como algo natural, como algo dado, de allí que manifestaciones calificadas como machistas, discriminadoras e incluso misóginas resulten relativamente “invisibles” para el propio hombre, inconscientes en mayor o menor medida.


Por otro lado, vale destacar que existe una amplia gama de matices en torno a la práctica de la masculinidad tradicional; desde los machos misóginos violentos, hasta aquellos que muestran una sensibilidad hacia la mujer y su derecho a la equidad.

Cuando la mujer expresa su verdad, sus gustos, sus límites de manera asertiva, y recibe por parte del hombre aceptación y respeto, puede ser que se encuentre ante un hombre que no ha iniciado un proceso de deconstrucción pero que estaría inclinado a iniciarlo. En estos casos, tal vez la primera tarea sería invitar, inspirar, acompañar al hombre a iniciar este proceso de deconstrucción, de cuestionamiento sobre las formas que utiliza para expresar su masculinidad.


En grupos de hombres, he tenido la oportunidad de ver hombres participando en ellos a partir de haber caído en la cuenta de su incapacidad para poder relacionarse con las mujeres desde una perspectiva mutuamente satisfactoria; hombres que quieren cambiar porque su violencia los ha dejado solos; hombres que no quieren reproducir un modelo obsoleto para sus hijos.


Me parece relevante hacer una distinción que puede dar lugar a polémica, y tiene que ver con la comprensión de que la masculinidad tradicional es la expresión de un sistema que podríamos denominar patriarcado, en el que todos hemos nacido y sido educados. Desde mi óptica el enemigo a vencer es el patriarcado, del cual todos participamos en mayor o menor medida.


En este sentido, los llamados “techos de cristal” tienen una doble arista que vale señalar; por un lado, existen claramente prácticas machistas-misóginas que discriminan a la mujer por considerarla poco capaz, demasiado emocional, etc. Por otro lado, lo que se ha denominado “síndrome del impostor” que lleva a ciertas mujeres a no sentirse dignas, competentes, aptas para enfrentar el desafío, producto del adoctrinamiento familiar, escolar y de la sociedad en general, que transmite mensajes alineados a los principios del patriarcado.


La tarea de vencer este sistema basado en la desigualdad, el uso de la fuerza y la predominancia de un género sobre otro es de todas las personas que formamos parte de esta sociedad, y que tenemos metidas en nuestras venas, creencias y modelos que son injustos y obsoletos.


Jorge M. Delarbre Rodal

Antropólogo Social UAM






Importantes
Recientes
bottom of page