¿Por qué tener "pena"es tan malo?

Durante algunos años he cuestionado ciertos aspectos culturales que tenemos, concluyo que son padecimientos. Lo he comprobado a través de mi experiencia laboral y en la docencia. ¿Pero por qué son padecimientos? Porque son comportamientos que nos han afectado de manera negativa en varios aspectos desde nuestro sistema educativo hasta las gestiones empresarial y gubernamentales.

El padecimiento al que me refiero, es la pena, el clásico “es que me da pena…”.

“Me da pena decirle a la señora por qué se metió a la fila, que oso preguntar, me da vergüenza decir lo que siento, me da pena pedir que me ayuden, me da cosa decir qué él se robó tu cartera, me da pena decir que no quiero ir, qué pena, cómo le voy a decir que ya no me interesa su propuesta, mejor ya no le contesto… Seguro alguna de estas situaciones te habrás sentido identificado(a), o ¿Cuántas veces te niegas a hablar con la verdad, a decir no algo que no quieres hacer, salir de alguna duda que tengas, o pedir ayuda?



¿Cuántas cosas más…nos dan pena?, la lista es infinita.

Pero qué es la pena, este término tiene varios significados, empecemos por entender desde su concepto cuál es, menciono algunos, según la Real Academia Española: 1. Sentimiento grande de tristeza. 2. Castigo impuesto conforme a la ley por los jueces o tribunales a los responsables de un delito o falta. 3. Dolor, tormento o sentimiento corporal. 4. Dificultad, trabajo.

De acuerdo con el concepto literal, no es como lo usamos en México, la connotación que le hemos dado es otro: significa miedo, inseguridad, complejo y que a su vez deriva en no saber poner límites, a solapar, a quedarse con las interrogantes, no saber decir que no, quedar mal, ser informal. O sea, sentimos pena por nosotros mismos, nos subestimamos, nos despreciamos, nos limitamos, no confiamos en nosotros mismos, nos negamos, nos rechazamos, nos descalificamos. Lo cual me parece gravísimo. A diferencia de otras culturas, no nos sentimos nada orgullosos de lo que somos, al contrario, es un desprecio profundo sobre nuestros orígenes. Solo aquellos que tienen certeza de descender de españoles u otros orígenes anglosajones se sienten por encima del resto, pero en general rechazamos toda relación y raíces con nuestros pasados prehispánicos.